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Mentadas de madre

Recuerdo mis mañanas de Día de Reyes. Despertaba yo desde las 7:30 am (lo cual era madrugada para mi, y lo sigue siendo) y corría a la sala de mi casa para ver que había al lado de mi zapato. Fuese lo que fuese mi emoción era grande. Y es que yo era un niño de gustos sencillos, bastaban unos cuantos “Hot Wheels” para hacer que brincara de felicidad. Mis épocas de recibir reyes ya pasaron (aunque con gusto les aceptaré cualquier regalo que me quieran dar), ahora es mi sobrino el que recibe regalos en mi casa, y con el me doy cuenta de como ha cambiado este día, y para mal.
Las mañanas y tardes del 6 de enero, solían ser para que todos los niños salieran juguetes en mano a jugar en la calle. Fuera el regalo que fuera, nadie se sentía decepcionado, y aunque a veces te dieras cuenta que los Reyes le traían mejores regalos al niño rico aunque fuera mal portado, a ti te daba igual con tal de recibir los tuyos, por caros o baratos que podían ser.
hypnotized-kid-tabletEstas mañanas de 6 de enero, hará unos años para acá, es diferente esa situación. Ya no salen tantos niños a jugar con sus juguetes nuevos, por la simple razón de que a los niños ya no les regalan juguetes. Mi sobrino, por ejemplo, pidió de regalo de reyes, una “tablet”, ¿para qué carajo quiere un niño de 9 años una tablet? Parafraseando un estado que leí hace rato en Facebook: “En mis tiempos los Reyes traían lo que podían, pero veo ahora a estos chavos muy atascados”. Y no sólo es el caso de mi sobrino (a quien a pesar de mis críticas le regalaron la tablet). Ayer que fui a comprar una tarjeta para mi celular, la tienda estaba llena de madres y padres buscando un celular para regalarle a sus hijos, muchos de los cuales conozco, y sé que no pasan de los 7 años. Lo que nos trae de nuevo la pregunta: ¿para qué carajo quiere un niño de 7 años un celular? ¿Han intentado hablar con un niño que está jugando con un celular? Es como si sus ojos no pudieran ver nada más, siempre los sostienen muy cerca de sus caras y con rostros perdidos, casi casi como si Samsung los estuviera hipnotizando, y solo obtenemos respuestas como: “Aja”, “Sí”, claro está, porque cualquier cosa que esté haciendo ahí, es más interesante que escucharnos balbucear.
Lo peor del caso no son los regalos en sí, sino muchas veces las actitudes de los niños. Como ya dije, en mis épocas (me siento viejo cada que pongo eso) te sentías agradecido con lo que te dieran, así fuera un paquete de luchadores de plástico con su ring; en cambio, hoy si no es el celular que el hijo quería, podemos estar preparados para ver una rabieta, pues los padres no le dan exactamente lo que quiere al niño.
Sé que aún hay muchos padres quienes por el motivo que sea, le regalan a sus hijos, juguetes de cualquier índole, y los invito a seguirlo haciendo. Escucho a menudo a personas el criticar que ya no se ven a los niños jugando escondidas, policías y ladrones, correteadas, etcétera; y créanme que con los regalos que dan hoy día eso no va sino a volverse más extraño. Regálenles carros, muñecas, figuras de acción, lo que sea; pero no los inviten a seguir encerrados frente a la pantalla de un aparato electrónico, casi sin mostrar emociones. Denles una bicicleta, unos patines, y mándenlos a dar la vuelta a la cuadra por lo menos.
Y si por el regalo que le den, el niño hace una rabieta porque no le gusta, por favor denle un fregadazo de mi parte  y enséñenle a estar agradecido con lo mucho o poco que tenga.

El día de hoy nos alejaremos un poco de las recomendaciones sobre películas para ver, y discutiremos sobre un tema que suele surgir últimamente. ¿Vale la pena ir al cine a ver una película?

Antes de que quieran algunos de ustedes comenzar a mentarme la madre por la pregunta, conviene aclarar. Obviamente una película se disfruta mucho más en una sala oscura, en una pantalla más grande, y con un mejor sonido. Sí, eso no lo negaré, pero el que valga la pena ir al cine hoy día, depende de otras cosas también.

Pensemos en este escenario.

Es miércoles, día por excelencia (sin contar fines de semana) para ir a ver una película solo o con los cuates. Decides ir al cine, afortunadamente, en el país, tenemos la competencia de varias compañías dedicadas a la exhibición de películas. Sean Cinemex, Cinepolis, Cinemark, o algunas de sus subsidiarias, así que no es raro (en las ciudades por lo menos) el encontrarse con un complejo cerca de nuestro hogar. Llegas al cine de tu elección y comienzas a pensar en qué película ver. Eso siempre acarrea un problema claro está, porque si se te ocurre pedirle una recomendación a quien esté atendiendo la taquilla, de recomendarte el estreno de turno, no pasa.

Al fin te decides por ver la nueva película de acción de la que todos hablan, ese estreno del verano. Preguntas el precio y es ahí donde comienzan los problemas. Creo que en promedio se encuentra la entrada en unos 50 pesos. Eso sí, siempre y cuando sea temprano, porque a partir de las 3 de la tarde por lo general ya vale 60, y si es ya en la noche, obviamente le vuelven a subir el precio. Claro, antes debes de esperar a que tu buen amigo el/la taquillero/a, termine de conversar con sus amigos mientras te ignora completamente.

Tienes que decidir entonces, como vas a disfrutar de la película. ¿Normal? ¿3D? ¿Doblada? ¿Subtitulada? ¿IMAX? ¿Por qué no IMAX-3D? ¿O tal vez VIP? Ah, pero aquí está uno de los problemas del cine, si por cualquier cosa tienes ganas de ver alguna película infantil en su idioma original (que por lo general es el inglés), bien puedes darte ya por vencido. En mi experiencia, es casi imposible encontrar una sala en donde se exhiba una película infantil subtitulada, tendrás que esperar a que salga el DVD o el Blu-ray.

No olvidemos que algunos cines ya te dan la opción de elegir tus asientos, pero claro como es el estreno del verano, todo está prácticamente lleno, así que observas entre tus opciones de los pocos asientos libres que quedan. Comienza a dolerte la cabeza, te preguntas si veras mejor en la primer fila o en la esquina que al parecer esta tapada por una columna, mientras eres presionado por tu buen amigo el taquillero (que ya ha terminado de platicar), y la fila de clientes tras de ti con sus caras de fastidio. Cthulhu te ilumina y descubres un único asiento solitario justo en medio del cine, sin pensarlo mucho, lo seleccionas, pagas tu boleto y te marchas de la fila.

Terminado tu dolor de cabeza, te das cuenta que esa torta de tamal que te comiste en la mañana no ha hecho mucho por saciar tu hambre, así que te acercas a ver que te puedes comer. Afortunadamente los cines actualmente, ya no sólo cuentan con palomitas y refrescos, sino que tienes bastantes posibilidades a elegir entre lo que quieres comer, vamos hasta sushi encuentras en algunos de ellos. Pero nuestra economía no es tan elevada, así que nos atenemos a los clásicos, y pedimos unas palomitas y refresco.

¿Se nos hizo cara la entrada al cine? Obviamente no sabíamos lo que costaban esas palomitas viejas y el refresco sin mucho gas. 120 pesos en tu chistesito, con miedo volteas a ver cuanto vale una barra de chocolate Snickers, y cuando ves el 45 dibujado en la etiqueta de precio, prefieres mirar hacia otro lado. No quieres ni imaginarte lo que esta pagando el pobre chavo al lado de ti, quien, por quedar bien en su cita con una chava, le compró, además de su “combo pareja”, un hot-dog, unos nachos, unos chocolates, y un Ice de cereza.

Llegas a la sala y te dan tus lentes para disfrutar del 3D. Entras y descubres una escena del apocalipsis. La sala está llena, pues al parecer fuiste el último en decidir entrar, y bajo las miradas de cientos de personas, te deslizas buscando tu lugar, mientras vas pisándole los pies a todos en la fila. Llegas al fin a tu asiento, pero lo descubres ocupado, una pareja está sentada ahí y te piden que les cambies los lugares (tal vez ellos se quedaron con ese detrás de la columna), les dices que no y les pides que se retiren, lo cual hacen (a veces), no sin antes dedicarte una mirada de rencor y desprecio. Te arrepientes al poco rato de no haberles cambiado el lugar cuando llega un tipo gordo que casi se desparrama de su asiento y se sienta a tu lado, dejándote en una posición en que no te puedes acomodar.

Después de que casi te dejen sordo en lo que acaban de ajustar el sonido, empiezan los comerciales (porque claro antes sólo había trailers, pero ahora ya ponen hasta anuncios políticos) y descubres que es casi imposible usar los lentes 3D y usar tus lentes, así que haciendo malabares consigues por fin acomodarlos de una forma incomoda encimados unos con otros. Tratas de poner tu refresco y palomitas en tu regazo, porque no te dejaron ninguna recargadera libre tus compañeros de al lado (el gordo más bien porque la tapa con la panza que se desborda). Ignoras esto y comienzas a comer unas cuantas palomas. Terminan por fin los trailers y comerciales, y comienza tu película después de casi media hora, y descubres con horror que ya te quedan la mitad de tus palomitas grandes y casi nada de refresco.

Nunca falta la persona que buscando más comodidad, se le ocurre que es una buena idea el subir sus pies al asiento de enfrente, el cual desafortunadamente es el tuyo. Y así comienza el martirio de que te estén pateando la cabeza una y otra vez, o moviendo tu asiento, y de que se molesten cuando les pidas que bajen los pies, tan solo para volverlos a subir momentos después.

Un grupo de chavos que probablemente van en prepa (pero viéndoles la cara tu juras que a lo mucho llegan a primero de secundaria), deciden que la película está muy aburrida así que se ponen a platicar, como el sonido es fuerte, obviamente ellos tienen que hablar más fuerte para hacerse escuchar, es así como te terminas enterando de que al parecer saliendo del cine va a haber peda en casa de uno de ellos, mientras que en la parejita que siempre viene incluida en el pack, el chavo esta a punto de hacerse un análisis ginecologico a quien quieres creer es su novia.

Tu amigo el gordo de al lado, decidió que era buena idea contarle a quien sea lo que acompañe, todo lo que hay que saber sobre la película, y con un conocimiento que asombraría a críticos y cinefilos por igual (sobretodo por lo equivocado de este) comienza a poner al corriente a su acompañante. A tu lado suena un celular, los “shhhhh” inundan la sala, y con un “Estoy en el cine, ¿qué paso?”, comienza una nueva conversación sumada a las que ya hay. Afortunadamente decidiste ver la película con subtitulos, sino no hubieras sabido de que trató.

Hora y media después, termina la película. Comienzan las personas a desalojar la sala, mientras la chava frente tuyo se acomoda la blusa y el brasier, pues los sorprendió la luz a ella y su novio. Poco a poco se va todo el mundo y por sobretodo agradeces que se haya ido el tipo que tenía los pies recargados en tu asiento. Buscas en donde poner tu bote de palomitas frías (pues después de acabarse el refresco ya no eran tan apetitosas) y estirarte un poco. Te esperas en tu asiento, pues sabes de buena fuente que pasa algo después de los créditos, mientras un par de empleados se te quedan mirando con cara de: “Ya vete a tu puta casa para que podamos empezar a limpiar”.

Sales por fin de la sala de cine, un trabajador te exige los lentes 3D y tú casi le das los tuyos de pasada, estás lleno de restos de palomitas en la camisa y con la vejiga a punto de explotar. Camino al baño ves de nuevo al chavo que compro media dulcería para la chava que iba con él, la va siguiendo hablándole sin muchos resultados, mientras ella se va con cara molesta.

Es de esta forma que bajo las protestas de que la piratería esta acabando con el negocio, vuelvo a hacer la misma pregunta:

¿Vale la pena ir al cine a ver una película?

La respuesta es un tal vez. Depende más bien de la película que vayamos a ver, algunas valen mucho la pena. Yo, personalmente disfruto mucho más en una sala oscura, como he dicho antes. Por eso antes de poner una película apago la luz de mi sala.

Cuando escuche que un nuevo libro acaba de romper los récords de venta que en su momento llegaron a ostentar las obras de Dan Brown y de J. K. Rowling, traté de mantenerme optimista. Vamos no puede ser tan malo -me dije. Cuando escuche que se trataba de un libro “erótico”, ese optimismo comenzó a declinar. Sin embargo, soy de esas personas que dicen que no se debe de juzgar un libro por su portada, y mucho menos criticar algo sin conocerlo realmente, así que me propuse el leer esa obra de la que todo el mundo hablaba y que al parecer estaba causando furor sobretodo entre las mujeres.

Graso error.

***SPOILERS***

El origen de esta obra debió de haberme bastado para saber la calidad de lo que me enfrentaba (aunque dudo que nada me hubiera preparado para esto). El libro inició como un Fan-Fic de la saga de Twilight o Crepúsculo como gusten llamarle. En esa relación abusiva que existe entre Edward y Bella, y que la autora del fan-fic decidió mezclar con toques de BDSM. Tras una queja de la autora de la saga me parece, E. L. James decidió comenzar de nuevo y crear personajes “originales” para su fan-fic, y transformarlo en una historia nueva. Eso sí, sin olvidar el BDSM y las relaciones abusivas.

El libro nos narra la historia de Anastasia Steele, una joven universitaria de 22 años, quien por hacer un favor a su amiga Katherine, termina conociendo a Christian Grey, un joven de 27 años,  con serios problemas en lo que se refiere a relaciones. La premisa es simple, y una de las más usadas en lo que al genero de romance se refiere, una joven conoce a un tipo rico, pero con pasado problemático  ambos se enamoran, él cambia por ella, y ambos viven felices para siempre. Sin embargo, la historia es diferente en esta novela, pues la que termina cambiando es ella, y si me lo preguntan, cambia para mal.

El libro es una porquería inimaginable. Jamás había dicho esto de un libro, pero este libro en verdad me hizo perder horas de mi vida que jamás voy a recuperar. Estoy frente una historia risible, unos personajes terribles, y un erotismo inexistente. Creí que Twilight marcaba la linea en cuanto a personajes mal estructurados y estúpidos, pero Fifty Shades of Grey nos vino a traer un nuevo estándar.

El libro está lleno de tanta basura misógina que me hace pensar en que la autora tiene un serio problema de autoestima. Nos presenta una relación llena de abusos, una relación con un hombre que disfruta maltratando a su pareja, y que de existir en la vida real, yo habría suplicado a la joven que fuera a la policía para detener eso. Twilight y su fan-fic Fifty Shades of Grey nos traen personajes femeninos muy pasivos, personajes que parece que nunca escucharon hablar de la igualdad de géneros, y que disfrutan siendo sobajadas por sus parejas. Son libros en los que en vez de darle poder a las mujeres, se les quita, y se las rebaja a no ser más que una extensión de su hombre, y en el caso de este último, sólo sirve para satisfacer las necesidades sexuales de un pervertido.

Al respecto de la palabra anterior: “pervertido”, quiero mencionar que las personas que practican el BDSM no tienen nada de pervertidas. Digo, cada quien es libre de hacer lo que mejor le plazca en la cama, y el hecho de que algo a nosotros nos pueda parecer extraño, no significa que necesariamente sea malo; sin embargo, este libro no muestra una verdadera representación del mundo BDSM, es simplemente, el mundo retorcido de un tipo que tiene serios traumas. En el BDSM hay reglas, hay palabras seguras, y nadie obliga a nadie a hacer algo que no quiera, se trata de juegos de rol, juegos que empiezan y terminan en la cama, y que no afectan la vida diaria de quienes lo practican. Fifty Shades of Grey nos muestra a un tipo que prácticamente viola a Ana, y que disfruta haciéndolo  y a una mujer que de tanto abuso, termina creyendo que eso es lo correcto; un hombre que no termina el juego en la cama, sino que lo lleva a su vida diaria, un tipo que simple y sencillamente es un acosador pervertido en el mejor uso que se le pueda dar a la palabra y que disfruta teniendo en lagrimas la mayor parte del tiempo a su pareja.

Un libro del que he escuchado decenas de comentarios describiendo lo increíblemente bueno que es, con escenas eróticas muy bien cuidadas, y del que te quieren hacer creer que Christian Grey es una especie de mezcla entre Ryan Gosling y Bill Gates pero un poco travieso. ¡Nada más alejado de la realidad!

De entrada es un libro pésimamente escrito, nadie habla de la forma en que Christian y Ana lo hacen, eso es completamente irreal, y no me quieran salir con la tontería de que es ficción, la historia trata de situarse en un plano realista, entonces debe ser realista. Por Cthulhu, ¿una universitaria que no siquiera tiene una cuenta de correo electrónico? Pero claro, no olvidemos la narración, esa en que la escritora no pierde un instante para meter escenas “eróticas” sin motivo alguno, y frasesitas como lo de la “diosa interna” que más que otra cosa sólo hicieron que me molestara, sobretodo porque las dice a cada instante. Y no olvidemos los “Oh my!” (leí el libro en inglés), mierda, creo que si llego a escuchar a una mujer decir “Oh my” mi cabeza va a explotar. Es más, es un libro tan malo que ni siquiera lo pude leer de corrido, tuve que leer algo más entre lineas (El Segador de Terry Pratchett por si se lo preguntan), porque en verdad sentía como mi coeficiente intelectual disminuía a cada palabra.

Lo peor, no es lo terrible del libro (que en verdad es asqueroso), sino la cantidad increíble de mujeres que lo están leyendo y que se encuentran fascinadas por él. ¿Habiendo tantísima literatura erótica en el planeta y se les ocurre leer una de las peor escritas? Chingado, me imagino a Virginia Woolf o a Jane Austen revolcándose en sus tumbas; ellas, escritoras que pusieron en alto nombre a las mujeres en la literatura cuando era muy difícil ser tomada en serio por su sexo, y de pronto viene esta tipa a echar todo a perder.

No puedo evitar que lean la obra (aunque créanme que me encantaría), pues desafortunadamente nadie experimenta en cabeza ajena. Lo que sí les puedo decir, es que lo hagan bajo su propia responsabilidad  y no digan que no se los advertí. Y por cierto que si a alguno de ustedes le falta medio cerebro y me dice que le gusto la obra, absténgase de comentármelo, pues instantáneamente serán considerados por mi como unos pendejos sin importar quienes sean.

Y bueno ya para terminar este post en que me extendí bastante, a todas aquellas mujeres (u hombres nunca se sabe) que como dije, se imaginan a Christian Grey como una mezcla de Brad Pitt o Ryan Gosling, les dejo la foto del esposo de la autora, en quien está basado el personaje. En pocas palabras, esté es el verdadero rostro de Christian Grey, y espero que piensen en él mientras leen el libro.

Vivimos en una sociedad ingrata. Contrata a una serie de personas con el objeto de que cuiden de la aplicación  de leyes inoperantes y defiendan instituciones antediluvianas,  les entrega armas y les pone trabas para usarlas, les confiere autoridad y les exige que se porten como caballeros, las pone en tentación y las acusa de soborno.

Este homenaje está escrito para compensar  aunque sea en parte, las injusticias que la opinión pública comete a diario contra los guardianes del orden público.

Para empezar, quiero subrayar el hecho bien conocido de que en nuestra sociedad siempre se ha visto a la policía con malos ojos. El mexicano nace, crece y se desarrolla en un ambiente de desconfianza hacia la policía. Prueba de esto son los motes despectivos con que siempre se ha denominado a los guardianes del orden: “los azules”, “los tecolotes”, “los tamarindos”, “muelas”, etc. Nadie tiene una palabra de aliento para ellos. Nunca he oído decir, por ejemplo, “¡arriba muelas!”, o “¡bravo, tamarindo, tú eres mi gallo!”. Nadie los invita a una fiesta divertida, sino cuando ésta ya se echó a perder y hay sangre. La posición social del policía es semejante a la de los operadores de proyectores de películas -cácaros, por mal nombre- a quienes el público no recuerda más que en momentos de desastre y para insultarlos. Nunca he visto que la gente aplauda porque la película no se cortó. Lo mismo les pasa a los policías. Nadie se acuerda de ellos cuando la ley no se violó.

Que cuatro agentes mataron a un ladrón y se llevaron el botín, que un policía le dio un balazo a una niña, que otro se desnudó en el interior de un banco y obligó a los clientes, a punta de pistola, a presenciar su deshabillé. Es lo único que oímos. Nadie se acuerda de los diez mil agentes que todos los días cumplen con su deber.

A uno de ellos lo tengo enfrente todos los días. Es un modesto policía auxiliar. Usa un bigotito muy bien recortado, cabello lustroso, uniforme impecable y fornitura de general. Su misión es importantísima: tiene por obligación cuidar que se respete el bien más preciado de la comunidad que lo ha contratado: el derecho de estacionamiento. Su actividad es agotadora. Está en la puerta de un multifamiliar y tiene que vigilar que los coches que lleguen  tengan una calcomanía especial. Cuando este requisito se cumple, tiene que quitar una cadenita, dejar pasar al coche, y volver a poner la cadenita en un gancho. Cuando uno de los de adentro quiere salir, misma operación a la inversa. Es un trabajo pesado. Significa pasarse el día sentado en un banquito, escupiendo y oyendo canciones rancheras en la radio portátil. Por la noche, viene su relevo, que descuelga la cadenita y se duerme hasta el día siguiente.

La labor de estos hombres es limitada, pero tiene un valor inapreciable. Requiere mucha atención. El policía a que me refiero cumple con sus obligaciones al pie de la letra. Que viene una tolvanera y la basura se riega por todo el patio, ¿ustedes creen que el policía va a abandonar su puesto, coger una escoba y ponerse a barrer? Nada de eso. Sigue sentado en su banco, escupiendo. ¿Que llega el camión de la basura y faltan brazos para vaciar los botes? El policía sigue en su puesto. ¿Que unos barbajanes tumban un árbol enfrente al condominio y en las narices del policía? Este sigue en su puesto. ¿Que una señora es asaltada y violada enfrente al condominio? El policía sigue en su puesto. Pero es humano. Más tarde la interroga, le pide detalles y hace comentarios.

Estoy seguro que no hay día que no esté lleno de ejemplos, como éste, de policías que cumplen con su deber. Pero nadie se acuerda de ellos.

En cambio, todo el mundo habla de los casos en que el organismo judicial falla. Por ejemplo: hace varios meses los agentes judiciales invadieron casas vecinas a la mía e hicieron varias aprehensiones. Uno de los aprehendidos era un barbón. El vecindario echó pestes: “entraron sin orden judicial”; “se lo llevaron por hippie”, etc.

Nada más equivocado. En primer lugar, se trataba de dos peligrosos contrabandistas que tenían su guarida en una de las casas invadidas. A uno de ellos lo encontraron con las manos en la masa -es decir, en el whisky-  y se lo llevaron inmediatamente. Varios agentes se quedaron en el vecindario en espera del segundo contrabandista. ¿Y qué ven venir? A un alemán también barbón, que acababa de salir de Guatemala porque allí no hay seguridad. Lo vieron entrar, no en la casa de los contrabandistas, sino en la de junto. “Este es nuestro hombre”, dijeron. Forzaron la puerta y lo encontraron tirado en un petate escuchando Mozart. Lo sacaron a rastras, le vendaron los ojos, y lo llevaron a dar vueltas en una camioneta, mientras lo interrogaban, picándole las costillas con una pistola. Ni el alemán entendía lo que ellos le preguntaban, ni ellos lo que él les respondía. Esto es muy natural, porque no puede exigir uno que cada policía sea un lingüista consumado. La prueba de que los agentes no tenían malas intenciones es que no lastimaron al alemán. Se concretaron a quitarle su dinero y el aparato de radio en el que había estado escuchando Mozart. La murmuración pública fue completamente injustificada. Después de todo, la victima era un alemán barbón. ¿Quién le manda venir a México? Y si no le gusta, pues que se vaya.

La cortesía, los buenos modales, educación o como queramos llamarlo, no es algo habitual en la Ciudad de México, siendo honestos, no es algo habitual en casi todo el país, pero aquí en la Ciudad se llega a notar un poco más. En mi pueblo (Tonatico) aún hay personas que se desean los buenos días, piden permiso al pasar entre dos personas, dicen un “¡salud!” cuando alguien estornuda, esto sólo por mencionar algunos ejemplos. Aunque también se ha ido perdiendo con las nuevas generaciones.

En el DF en cambio, lo habitual es que nadie diga nada, más bien es extraño el encontrarte a alguien que lo haga, y por lo general genera que te vean extraño (sobretodo con personas jóvenes), si vas en el metro por ejemplo, y sufres de un ataque de estornudos, a lo mucho lo que lograras es que la gente a tu lado se mueva de su lugar para que no la contagies y eso es todo, o si llegas a pedirle permiso a alguien para pasar, no dudes que esa persona hará hasta lo imposible por evitar que pases; en fin, así es La Ciudad.

Lo gracioso, sin embargo, es que pese a que casi nadie predica con el ejemplo, es habitual que escuche como muchos se quejan de la falta de cortesía. El día de ayer, me encontraba esperando a que llegara el metrobus en la estación Colonia del Valle, tenía que ir a Buenavista y llego un metrobus con dirección Tepalcates, así que me hice a un lado para que quienes tuvieran que subir pudieran hacerlo. No fue este el caso de una señora enfrente mío, quien decidió ocupar de alguna manera que probablemente desafió varias leyes físicas, el mayor espacio posible sin dejar pasar a nadie, un joven, quien se notaba con mucha prisa, reiteradamente le pidió permiso para poder pasar, lo dijo fácilmente cinco veces, con la señora ignorándolo completamente. La quinta vez la cual fue levantando terriblemente la voz, el chavo se dio por vencido y empujando a un lado con su cuerpo a la señora, consiguió subirse finalmente al metrobus, mientras este cerraba sus puertas. La señora molesta por tan rudo comportamiento, le grito: “¡Se dice con permiso!” y se mantuvo cerca de 5 minutos enojada, refunfuñando el que ese joven era un maleducado por haberla empujado. Honestamente yo habría hecho exactamente lo mismo.

Por un lado se exige respeto, por el otro nadie hace nada por merecerlo. Estamos en una sociedad  demasiado egocentrista, el primero yo, después yo, y al último yo, es la ideología prevaleciente, la consideración hacia los demás es algo por mucho pasado de moda. ¿Cuántas veces se suele ver ahora, el que un joven le ceda su asiento a una señora? Me ha tocado ver a algunas haciendo casi malabares en el transporte público, y a todos los sentados fingiendo el no verla. ¿El abrir la puerta de una dama y ofrecerle que pase primero? Inexistente prácticamente. Sin ir tan lejos y como dije al principio, el simple hecho de desearle a alguien “salud” cuando estornuda, es un gesto extraño.

Hay una frase que dice: “La cortesía es como el aire de los neumáticos: no cuesta nada y hace más confortable el viaje.”, y no podría ser más acertada. Uno de los más graves problemas en el país, pues de él se derivan muchísimos problemas más, es precisamente, esa perdida de valores de la que nos hemos visto victimas.

¿No sería más agradable que las personas nos pidieran permiso, en vez de empujarnos al pasar? Es más un simple “Por favor” y “Gracias” pueden hacernos el día ¿no creen? Pues tal vez deberíamos comenzar haciendo lo mismo, a final de cuentas, siempre se debe empezar por una persona los cambios, y este no nos cuesta nada, ¿o sí?

Es terrible que el tema de la política salga a relucir en estas fechas, pues lo opuesto de las opiniones y el fanatismo que algunos profesan hace imposible el tener una conversación tranquila sin que decir objetiva sobre el tema, y en estás épocas electorales y de campaña (que afortunadamente terminan mañana), es más terrible aún.

Ayer fue una de esas veces, el tema salio a relucir con un par de personas, y por más que uno intente mantenerse al margen del tema, poco a poco te van incluyendo en él. Específicamente se hablo de unos “papeles” que han circulado por mi municipio, papeles con escritos acerca de los candidatos y todos sus “trapitos sucios”, no he leído ninguno de ellos (ni me interesa hacerlo), ni sé quien comenzó a escribirlos; pero mientras discutían sobre la aparición de uno nuevo y lo que deberían de decir de x o y candidato, yo opiné que eso era una tontería, que el incurrir en esa clase de guerra sucia era tonto, y no deberían de caer en eso los partidos, que hacer eso es simplemente ser un hocicon y que es de lo más deplorable una actitud así; a lo que acto seguido una de estas personas, se volteo hacia mi y me dijo “Tú cállate, tú no sabes nada de política.

Me enojé terriblemente al escuchar eso, y preferí no seguir en la discusión con esa persona; pero entonces me puse a reflexionar precisamente sobre ese tema, y llegue a esa misma conclusión: No sé de política.

Y más bien lo que debería de decir es que no sé de lo que la mayoría de las personas consideran política hoy en día.

Claramente lo que yo pueda saber (o no saber) sobre sistemas político-económicos, no tiene nada que ver con saber de política. Lo que yo sepa de sociología tampoco. Y la historia queda replegada terriblemente aún más que las anteriores. Saber de sistemas políticos no interesa hoy en día, hablar del quehacer político mucho menos.

Mencionar las diferentes teorías e ideologías que existen en este ámbito es irrelevante. Saber que diferencía a la Centro Izquierda del Nacionalismo, del Reformismo, del Anarcoprimitivismo, del Trotskismo, de la Derecha, y está a su vez de la Centro Derecha, a los Objetivistas de los Mutualistas; eso no tiene que ver con la política claramente.

Conocer de los partidos, conocer de los candidatos, saber sus origines, sus propuestas, que tanto de lo que prometen es posible, cuanto de lo que han prometido han hecho antes, que tanto de lo que prometen van a hacer en realidad, quienes están con ellos, quienes están tras de ellos; eso, eso no es política tampoco.

¿Qué es saber de política entonces?

Saber de política hoy día, es más bien creer que sabes de política. Que importa toda la ciencia detrás de ello, más bien hay que atacar a los demás candidatos, hacer promesas vacías y regalar cosas.

Hagamos que nuestros seguidores se enfrenten mientras nosotros nos lavamos las manos. Organicemos movimientos en contra de nuestros enemigos y digamos que no tenemos nada que ver. Metamos millones y millones en campañas de desprestigio contra los demás candidatos, y acusemoslos a ellos de gastar enormidades en banalidades. Digamos mentiras unos de los otros, acusemonos de las peores perversiones posibles, a fin de cuentas que es tan solo nuestra palabra, y miles de personas la aceptaran ciegamente y sin ninguna clase de prueba.

Perdamos nuestro tiempo insultandonos entre nosotros, perdamos nuestro dinero dandole pan y circo a las personas, perdamos al país en luchas estupidas y sin sentido, que a final de cuentas todo eso es la política de hoy en día.

Y si por casualidad esa persona que me dijo que no sé de política termina leyendo esto, debo decirle que tiene toda la razón, no sé nada de política, no sé nada de ser un estúpido sin cerebro y que no ve más allá de lo que quieren que vea; y no sabes las gracias que doy de no saber nada de política.

Hay películas que vamos a ver al cine sin mucha esperanza, películas que creemos que nos van a decepcionar, pero que una vez que nos sumergimos en la historia, nos damos cuenta que nos encontramos ante una muy buena película. Desafortunadamente ese no fue el caso de “Hasta el viento tiene miedo”, una película que apareció en el 2007, remake de una cinta realizada en 1968 con el mismo nombre.

Esta película nos narra la historia de Claudia (Higareda), una joven con problemas que es llevada a un internado para señoritas; donde pronto, extraños sucesos comienzan a acontecerle a ella y a las demás “pacientes”, y se dan cuenta que el internado tiene un secreto, un secreto que involucra a una ex-paciente llamada Andrea, y cuando el fantasma de Andrea, comienza a atormentarlas, nuestras protagonistas deciden descubrir que fue lo que paso ahí.

Recuerdo claramente el día que fui a verla, no tuvimos clases y mis amigos de la Facultad sugirieron que fuéramos todos al cine. Estando ya en el cine nos encontramos con la duda de que película ver; yo quería ver “La brújula dorada”, conocia el libro y me agradaba, así que esperaba ver que nos ofrecía la película, pero uno de mis amigos (apodado cariñosamente “La Beba”)  nos sugirio ver Hasta el viento tiene miedo. Yo no estaba muy convencido, los trailers que había visto de la película no me agradaban, y el hecho de que todo el mundo hablara de ella en televisión menos, pero finalmente convenció a la mayoría y pasamos a verla.

¿Saben de esas películas que son tan malas que son buenas? Bueno pues ese tampoco es el caso. Al terminar de ver esta película incluso La Beba nos pidió disculpas por hacernos ver tan terrible producción.

Tengo yo una categoría personal para películas malas, películas que digo que fueron tiempo de mi vida perdido, en dicha categoría no entran hasta el momento más de 5 títulos, y Hasta el viento tiene miedo, es uno de ellos.

Tenemos una historia cuya premisa da risa apenas la escuchamos, sin una buena narración, y con un ambiente que no es tétrico en absoluto,  y es que, quien haya estado a cargo de la fotografía  en la película, debería dedicarse a otra cosa. Pero lo peor de todo son las actuaciones, jovencitas que parece que nunca en su vida habían actuado (y que estoy casi seguro de ello), y que hacen gala de todo lo malo que puede hacer un actor en escena, la que debió “rescatar” la película por ser la que tenía más experiencia, fue una de las que peor actuó, hablo por supuesto de Martha Higareda.

Nunca he negado el disgusto que me genera esta actriz, y que a excepción de Amarte Duele, he detestado en todas y cada una de sus películas y apariciones en la pantalla, es una actriz que para suplir su falta de talento generalmente se desnuda en todas las producciones en que aparece, y yo que detesto la presencia de desnudos sin sentido en las películas, obviamente menos me agrada. Y eso es lo curioso de la película, una de sus peores actuaciones y en esta no se desnuda (sale en paños menores un par de veces pero es todo), se desnuda otra de las actrices, haciendo un striptease, en una escena que no le veo el motivo de existir más que el ver a la joven desnuda.

Hasta el viento tiene miedo es una película que no se debió haber filmado, sí alguno de ustedes tuvo la desgracia de verla en el cine como yo, los compadezco, y si alguno de ustedes aún no la ha visto, siéntase bendecido y rece porque nunca tenga que hacerlo, pues como ya mencione, el ver esta película es tirar hora y media de tu vida a la basura.

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