Miércoles de Película: ¿Vale la pena ir al cine a ver una película?

El día de hoy nos alejaremos un poco de las recomendaciones sobre películas para ver, y discutiremos sobre un tema que suele surgir últimamente. ¿Vale la pena ir al cine a ver una película?

Antes de que quieran algunos de ustedes comenzar a mentarme la madre por la pregunta, conviene aclarar. Obviamente una película se disfruta mucho más en una sala oscura, en una pantalla más grande, y con un mejor sonido. Sí, eso no lo negaré, pero el que valga la pena ir al cine hoy día, depende de otras cosas también.

Pensemos en este escenario.

Es miércoles, día por excelencia (sin contar fines de semana) para ir a ver una película solo o con los cuates. Decides ir al cine, afortunadamente, en el país, tenemos la competencia de varias compañías dedicadas a la exhibición de películas. Sean Cinemex, Cinepolis, Cinemark, o algunas de sus subsidiarias, así que no es raro (en las ciudades por lo menos) el encontrarse con un complejo cerca de nuestro hogar. Llegas al cine de tu elección y comienzas a pensar en qué película ver. Eso siempre acarrea un problema claro está, porque si se te ocurre pedirle una recomendación a quien esté atendiendo la taquilla, de recomendarte el estreno de turno, no pasa.

Al fin te decides por ver la nueva película de acción de la que todos hablan, ese estreno del verano. Preguntas el precio y es ahí donde comienzan los problemas. Creo que en promedio se encuentra la entrada en unos 50 pesos. Eso sí, siempre y cuando sea temprano, porque a partir de las 3 de la tarde por lo general ya vale 60, y si es ya en la noche, obviamente le vuelven a subir el precio. Claro, antes debes de esperar a que tu buen amigo el/la taquillero/a, termine de conversar con sus amigos mientras te ignora completamente.

Tienes que decidir entonces, como vas a disfrutar de la película. ¿Normal? ¿3D? ¿Doblada? ¿Subtitulada? ¿IMAX? ¿Por qué no IMAX-3D? ¿O tal vez VIP? Ah, pero aquí está uno de los problemas del cine, si por cualquier cosa tienes ganas de ver alguna película infantil en su idioma original (que por lo general es el inglés), bien puedes darte ya por vencido. En mi experiencia, es casi imposible encontrar una sala en donde se exhiba una película infantil subtitulada, tendrás que esperar a que salga el DVD o el Blu-ray.

No olvidemos que algunos cines ya te dan la opción de elegir tus asientos, pero claro como es el estreno del verano, todo está prácticamente lleno, así que observas entre tus opciones de los pocos asientos libres que quedan. Comienza a dolerte la cabeza, te preguntas si veras mejor en la primer fila o en la esquina que al parecer esta tapada por una columna, mientras eres presionado por tu buen amigo el taquillero (que ya ha terminado de platicar), y la fila de clientes tras de ti con sus caras de fastidio. Cthulhu te ilumina y descubres un único asiento solitario justo en medio del cine, sin pensarlo mucho, lo seleccionas, pagas tu boleto y te marchas de la fila.

Terminado tu dolor de cabeza, te das cuenta que esa torta de tamal que te comiste en la mañana no ha hecho mucho por saciar tu hambre, así que te acercas a ver que te puedes comer. Afortunadamente los cines actualmente, ya no sólo cuentan con palomitas y refrescos, sino que tienes bastantes posibilidades a elegir entre lo que quieres comer, vamos hasta sushi encuentras en algunos de ellos. Pero nuestra economía no es tan elevada, así que nos atenemos a los clásicos, y pedimos unas palomitas y refresco.

¿Se nos hizo cara la entrada al cine? Obviamente no sabíamos lo que costaban esas palomitas viejas y el refresco sin mucho gas. 120 pesos en tu chistesito, con miedo volteas a ver cuanto vale una barra de chocolate Snickers, y cuando ves el 45 dibujado en la etiqueta de precio, prefieres mirar hacia otro lado. No quieres ni imaginarte lo que esta pagando el pobre chavo al lado de ti, quien, por quedar bien en su cita con una chava, le compró, además de su “combo pareja”, un hot-dog, unos nachos, unos chocolates, y un Ice de cereza.

Llegas a la sala y te dan tus lentes para disfrutar del 3D. Entras y descubres una escena del apocalipsis. La sala está llena, pues al parecer fuiste el último en decidir entrar, y bajo las miradas de cientos de personas, te deslizas buscando tu lugar, mientras vas pisándole los pies a todos en la fila. Llegas al fin a tu asiento, pero lo descubres ocupado, una pareja está sentada ahí y te piden que les cambies los lugares (tal vez ellos se quedaron con ese detrás de la columna), les dices que no y les pides que se retiren, lo cual hacen (a veces), no sin antes dedicarte una mirada de rencor y desprecio. Te arrepientes al poco rato de no haberles cambiado el lugar cuando llega un tipo gordo que casi se desparrama de su asiento y se sienta a tu lado, dejándote en una posición en que no te puedes acomodar.

Después de que casi te dejen sordo en lo que acaban de ajustar el sonido, empiezan los comerciales (porque claro antes sólo había trailers, pero ahora ya ponen hasta anuncios políticos) y descubres que es casi imposible usar los lentes 3D y usar tus lentes, así que haciendo malabares consigues por fin acomodarlos de una forma incomoda encimados unos con otros. Tratas de poner tu refresco y palomitas en tu regazo, porque no te dejaron ninguna recargadera libre tus compañeros de al lado (el gordo más bien porque la tapa con la panza que se desborda). Ignoras esto y comienzas a comer unas cuantas palomas. Terminan por fin los trailers y comerciales, y comienza tu película después de casi media hora, y descubres con horror que ya te quedan la mitad de tus palomitas grandes y casi nada de refresco.

Nunca falta la persona que buscando más comodidad, se le ocurre que es una buena idea el subir sus pies al asiento de enfrente, el cual desafortunadamente es el tuyo. Y así comienza el martirio de que te estén pateando la cabeza una y otra vez, o moviendo tu asiento, y de que se molesten cuando les pidas que bajen los pies, tan solo para volverlos a subir momentos después.

Un grupo de chavos que probablemente van en prepa (pero viéndoles la cara tu juras que a lo mucho llegan a primero de secundaria), deciden que la película está muy aburrida así que se ponen a platicar, como el sonido es fuerte, obviamente ellos tienen que hablar más fuerte para hacerse escuchar, es así como te terminas enterando de que al parecer saliendo del cine va a haber peda en casa de uno de ellos, mientras que en la parejita que siempre viene incluida en el pack, el chavo esta a punto de hacerse un análisis ginecologico a quien quieres creer es su novia.

Tu amigo el gordo de al lado, decidió que era buena idea contarle a quien sea lo que acompañe, todo lo que hay que saber sobre la película, y con un conocimiento que asombraría a críticos y cinefilos por igual (sobretodo por lo equivocado de este) comienza a poner al corriente a su acompañante. A tu lado suena un celular, los “shhhhh” inundan la sala, y con un “Estoy en el cine, ¿qué paso?”, comienza una nueva conversación sumada a las que ya hay. Afortunadamente decidiste ver la película con subtitulos, sino no hubieras sabido de que trató.

Hora y media después, termina la película. Comienzan las personas a desalojar la sala, mientras la chava frente tuyo se acomoda la blusa y el brasier, pues los sorprendió la luz a ella y su novio. Poco a poco se va todo el mundo y por sobretodo agradeces que se haya ido el tipo que tenía los pies recargados en tu asiento. Buscas en donde poner tu bote de palomitas frías (pues después de acabarse el refresco ya no eran tan apetitosas) y estirarte un poco. Te esperas en tu asiento, pues sabes de buena fuente que pasa algo después de los créditos, mientras un par de empleados se te quedan mirando con cara de: “Ya vete a tu puta casa para que podamos empezar a limpiar”.

Sales por fin de la sala de cine, un trabajador te exige los lentes 3D y tú casi le das los tuyos de pasada, estás lleno de restos de palomitas en la camisa y con la vejiga a punto de explotar. Camino al baño ves de nuevo al chavo que compro media dulcería para la chava que iba con él, la va siguiendo hablándole sin muchos resultados, mientras ella se va con cara molesta.

Es de esta forma que bajo las protestas de que la piratería esta acabando con el negocio, vuelvo a hacer la misma pregunta:

¿Vale la pena ir al cine a ver una película?

La respuesta es un tal vez. Depende más bien de la película que vayamos a ver, algunas valen mucho la pena. Yo, personalmente disfruto mucho más en una sala oscura, como he dicho antes. Por eso antes de poner una película apago la luz de mi sala.

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Mientanos la madre

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